El verano que anhelo, con sus sofocantes calores y sus brillantes rayos de sol, el verano que tanto odio, el verano de la nada... ¿Porque no llegara?
Últimamente es en lo único que pienso. Lo estoy buscando; en cada gesto, en cada lugar, hasta el mas mínimo ruido me hace recordarlo. A veces creo encontrarlo. Cierro los ojos y siento el verano, pero al volverlos a abrir, me encuentro rodeada de abrigos, de gente con prisa, y el viento invernal, amablemente me dice que aun faltan 5 largos meses para que llegue el verano.
Siempre es lo mismo, al llegar estas fechas, recuerdo el tiempo de verano, el verano que deseo y que nunca viviré.
Antes no era así. Como todos los niños, solía amar el verano, esos divertidos veranos en los que no había colegio, en los que podía hacer lo que quisiera, pero ahora, esos recuerdos me inundan y solo me siento sola cuando llega, por eso lo odio.
A pesar de todo, no es un odio malvado, solo lo odio, sin mayor grado, por eso, soy incapaz de vivir sin el verano. Para mi el verano es un atardecer, en calma, sin ruidos, sin nada, solo yo y el sol, y la eterna melodía de mi cabeza, que me recuerda el tiempo de verano, y las sensaciones que produce. Y canto, canto al atardecer, la canción que acompaña al sol en su despedida y que me lleva lejos de mi balcón, algún lugar donde siento el verano en su plena esencia, donde siento el trigo debajo de mis manos moverse con el cálido viento de agosto, y me dejo llevar por el momento y el atardecer es eterno.
Si tuviera un mundo propio, seria siempre verano, pero no lo odiaría, porque si mi mundo existiera, tu estarías en él junto al eterno atardecer.
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