No quiero pensar en ello.
Es demasiado doloroso.
No quiero pensar en ello, y aun así no paro de hacerlo.
Es lo que pienso mientras me siento en la baranda de madera.
Nadie me mira. Nadie se fija.
Al fin y al cabo, no soy el único que se sienta en esas barandas, si mirara a mi alrededor vería al montón de gente que también se ha sentado allí. Pero yo no miro, igual que toda esa gente, yo no quiero ver nada.
¿Que debería hacer para dejar de pensar en ello?
Algo que no tiene solución... así que realmente, debería parar de pensar en todo.
En mi mente, he empezado a tambalearme en la larga cuerda horizontal que cruza el espacio oscuro. Esa cuerda por la que acostumbraba a caminar, ya no puedo ni quiero seguir aguantando el equilibrio.
La vacía ciudad que se extiende bajo mis pies... ¿A cuantos metros estará de mi?
Delante de este paisaje, podría sentirme el rey, el rey de este mundo que a pesar de todo, sigue girando.
¿Porque sigue girando? ¿Porque no se detiene conmigo? Que injusto es.
La cuerda empieza a estrecharse mientras yo sigo temblando.
¿Que pensara la gente?
La gente que no me ve, la gente que no se fija.
Seguramente creerán que no he dormido bien, que mi mala cara es por falta de sueño.
No los culpo, no es que se diferencien mucho. Pero, me gustaría que se dieran cuenta, que mi cara es el reflejo de lo que queda de mi, de mi corazón destruido, roto como el cristal.
¿Que pensarían si se dieran cuenta?
Quizás debería dejar que se dieran cuenta... debería dejar de fingir que todo esta bien, dejar de fingir que la sonrisa que uso es natural, dejar de fingir que me importo algo como para seguir adelante. Tengo un futuro que no deseo.
Seguramente se reirían.
Nadie puede saberlo, aunque lo sepan en realidad, no deben conocerlo. Tengo que seguir con ello adelante por mi mismo, porque no se puede cambiar, no se puede arreglar.
Entonces, no vale la pena mostrárselo.
La cuerda larga del vacío oscuro no es mas que un fino filamento.
Ya ni siquiera ando. Solo estoy allí, aguantando el tipo como puedo.
Pero ya no mas. Adiós.
Me caigo de la cuerda estrecha. Pero no tengo miedo. Todo esta bien así. Voy cayendo lentamente, como flotando, y por primera vez siento tanta calma que me permito sonreír.
- ¿Disculpe señor, quiere una rosa?
Algo me detiene, una mano me agarra desde la cuerda estrecha.
Ya no caigo, ya no floto, ahora solo estoy colgando en el vació oscuro.
A esa mano no parece importarle que la cuerda sea estrecha.
- No gracias, no tengo dinero.
- No pasa nada, se la regalo.
Dime mano desconocida, ¿Por que me detienes? Estaba en calma, en paz, tu no eres mas que otra de las personas que no ven nada, y aun así te estas jugando la vida en ese hilo desgastado.
- De verdad señor, no se preocupe, le regalare la rosa. Dígame, ¿De que color la quiere? Vamos venga aquí.
¿Por que? Si no ve, no se fija, ¿Por que se ha dado cuenta?
- ¿De verdad no quieres nada por la rosa?
- ¿Que le parece si me acompaña a vender el resto? Le daré mas rosas.
Ya no hay vacío, ya no hay cuerda, ni oscuridad, ni calma. Solo una mano, tocando mi hombro, y un montón de rosas de colores que me miran desde el ramo.
- Me parece un buen trato. ¿Tienes rosas blancas?
- Claro señor.