miércoles, 30 de enero de 2013

La princesa y la perla

Había una vez, en un país muy muy lejano, vivía una pequeña princesa junto a su padre el gran rey mago. 

A pesar de ser rey, no gobernaba sobre nadie pues todos temían su poder, incluso los grandes señores de la guerra que de tantas batallas habían salido victoriosos, temblaban al oír el nombre del gran rey mago. 
A pesar de todo, el gran rey mago y su hija eran felices, pues su reino era hermoso y prospero, y al no tener habitantes, todo era paz y armonía. 

Un día, los envidiosos reinos vecinos, decidieron crear una alianza para apoderarse del reino mágico, pero el rey mago, que era muy sabio, adivino el momento justo en el que le atacarían y para evitar empezar una guerra sin fin, utilizo una magia muy poderosa y escondió su reino al lado del horizonte, de forma que nadie lo encontrara jamas.

Los años pasaron, y el reino mágico se transformo en una leyenda, olvidándose la gente de su existencia, transmitiéndose la historia de madres a hijos y de abuelos a nietos.
Uno de esos niños que creció con el cuento del gran rey mago, decidió que encontraría la isla perdida y se convertiría en su nuevo rey. Así que trabajó mucho hasta comprar un pequeño barco, y salió a la mar en busca de su tesoro, pero en medio del mar, le atrapó una tormenta y acabo naufragando.

Al despertarse, se encontró en una playa desierta rodeada de bosques, con extrañas plantas de frutos y flores aun mas extraños y hermosos pájaros de colores que nunca había visto, con un canto tan hermoso que creyó que se trataban de sirenas. 
Guiado por los pájaros se adentro en el bosque, hasta que de repente, escuchó a una chica cantando entre las voces de los pájaros, y siguiendo su voz, se encontró con una hermosa princesa jugando en un bellisímo jardín, rodeada de flores que volaban a su alrededor, hablando y riéndose con los animales. Asombrado, el marinero se dio cuenta que esa era la isla que buscaba e incapaz de reprimir su jubilo, alzo la voz entre saltos de alegría. 
Al darse cuenta la princesa del marinero, se asusto y empezó a correr hasta dar con su padre, que incapaz de creerlo, se dirigió hasta el jardín para comprobar que finalmente, alguien había llegado a su reino. Entonces al ver a ambos, el marinero empezó a contarles sus historia desde el principio y viendo el rey que no era mal muchacho, y que su hija era feliz en su compañía, le permitió quedarse en su castillo hasta que arreglara su barco roto durante la tormenta.

A medida que pasaba el tiempo, el marinero y la princesa se hacían cada vez mas y mas amigos, pasaban el tiempo entero juntos en los jardines de palacio, hablando sin parar y observando la magia de la princesa, hasta que finalmente, se enamoraron.
El rey, a pesar de que estaba contento de ver tan feliz a su hija, empezó a preocuparse y a dar extrañas advertencias a la princesa, aunque ella, despreocupada, las olvidaba al poco tiempo.
Un día el rey, decidió decirle la verdad a la princesa: Ella también era una gran maga, y a diferencia del marinero, su tiempo avanzaba muy lentamente, por lo que tarde o temprano, el marinero moriría y ella se quedaría sola. Al escuchar eso, la princesa no quiso aceptarlo y decidió fingir que nunca pasaría nada.

Pero con el paso de los días, la princesa empezó a preocuparse, y a pensar en las palabras de su padre. ¿Y si se estaba equivocando? ¿Y si, quizás ella y el marinero no estaban hechos el uno para el otro? No, no, no, eso no podía ser, ambos se querían, y disfrutaban del tiempo que estaban juntos,no se peleaban, y seguían riéndose como el primer día, se querían tanto que decidió olvidar todo aquello. 

Pero cuanto mas quería olvidar lo, mas se obsesionaba, cada día un poco mas, hasta que empezó a creer que a pesar de lo mucho que le quería, de todos los planes sobre el futuro que imaginaban, tarde o temprano sus caminos se acabarían separando.
No quería creerlo pero no lograba sacarlo de su cabeza. El marinero (que la notaba preocupada), le preguntaba una y otra vez que le ocurría, pero ella, incapaz de expresar lo que sentía en voz alta, se tragaba toda su ansiedad y se esforzaba en sonreír como si nada pasara. Hasta que al final, todos esos pensamientos se hicieron demasiado grandes y acabaron por inundarla por completo. 

Una noche la princesa, incapaz de seguir aguantando esa tristeza  conjuró un hechizo para  sacar todos esos sentimientos de su interior, pero se equivoco en la ultima palabra, y  sin darse cuenta, transformó su corazón en una perla, cayendo ella en un profundo sueño y la perla (que hasta entonces había estado en sus manos), rebotó contra el suelo y cayó por la ventana perdiéndose entre las olas.

Esa misma noche, el marinero soñó con la princesa, y escuchó su voz pidiéndole perdón y susurrándole que encontrara la perla de su corazón perdida ahora en el inmenso océano.  El marinero se despertó asustado, y preocupado, fue corriendo a despertar al rey, para contarle lo ocurrido. Al oírlo, ambos decidieron ir hasta la habitación de la princesa y la encontraron en el suelo, profundamente dormida, incapaz de despertar. 
El rey lloraba y lloraba, abrazando a su hija, y el marinero se quedo observando a su princesa, preguntándose porque ella había hecho algo como eso y entonces recordó su sueño, así que a la mañana siguiente, le pidió una nave al rey para poder ir en busca del corazón de su princesa. Este, apenado, le entregó un barco mágico que le protegería del tiempo, haciendo que largos meses se convirtieran en simples horas. Ademas le entrego un anillo oscuro, que solamente brillaría cuando se acercase a la perla. 

Y así partió el marinero de la isla, con su barco mágico y su anillo oscuro, deseando fuertemente verlo brillar y encontrar así, la preciosa perla blanca de su querida princesa.

martes, 15 de enero de 2013

Summertime

¿Donde estará el verano?
El verano que anhelo, con sus sofocantes calores y sus brillantes rayos de sol, el verano que tanto odio, el verano de la nada... ¿Porque no llegara?
Últimamente es en lo único que pienso. Lo estoy buscando; en cada gesto, en cada lugar, hasta el mas mínimo ruido me hace recordarlo. A veces creo encontrarlo. Cierro los ojos y siento el verano, pero al volverlos a abrir, me encuentro rodeada de abrigos, de gente con prisa, y el viento invernal, amablemente me dice que aun faltan 5 largos meses para que llegue el verano.
Siempre es lo mismo, al llegar estas fechas, recuerdo el tiempo de verano, el verano que deseo y que nunca viviré.
Antes no era así. Como todos los niños, solía amar el verano, esos divertidos veranos en los que no había colegio, en los que podía hacer lo que quisiera, pero ahora, esos recuerdos me inundan y solo me siento sola cuando llega, por eso lo odio.
A pesar de todo, no es un odio malvado, solo lo odio, sin mayor grado, por eso, soy incapaz de vivir sin el verano.  Para mi el verano es un atardecer, en calma, sin ruidos, sin nada, solo yo y el sol, y la eterna melodía de mi cabeza, que me recuerda el tiempo de verano, y las sensaciones que produce. Y canto, canto al atardecer, la canción que acompaña al sol en su despedida y que me lleva lejos de mi balcón, algún lugar donde siento el verano en su plena esencia, donde siento el trigo debajo de mis manos moverse con el cálido viento de agosto, y me dejo llevar por el momento y el atardecer es eterno.
Si tuviera un mundo propio, seria siempre verano, pero no lo odiaría, porque si mi mundo existiera, tu estarías en él junto al eterno atardecer.