Un día el chico y la chica se conocieron.
Rodeándose de inocente sonrisas se enamoraron el uno del otro.
Al sentir la calidez del otro se tomaron de las manos y su vinculo nació.
Al tomarse las manos, se acercaron cada vez más, se sumergieron en ese sentimiento de felicidad y durante años disfrutaron de su sabor.
Pero de repente, esa agradable sensación empezó a desaparecer lentamente, derritiéndose y llevándose todo lo bueno lejos como el agua que fluye.
Al principio el chico y la chica fingieron no darse cuenta, pero ya no estaban tan cerca como al principio.
Al cabo de un tiempo, se fue haciendo más evidente, pero ambos se negaron a soltarse las manos.
Un día el chico se dio cuenta de todo y a pesar de que la chica seguía aferrándose a lo poco que les quedaba, él decidió que el amor que sentían ya no era suficiente para mantener sus sonrisas, así que se dio la vuelta y no vio el brazo extendido de la chica rogándole que se quedara a su lado.
El chico empezó a alejarse. La chica siguió en el mismo sitio, llorando y gritando por el dolor de la ausencia que ahora había en su vida.
El chico empezó otra vida, con otra persona distinta, mientras la chica poco a poco empezó a dejar de llorar.
Un día, el chico, preocupado por la chica, miró hacia atrás, pero solo vio a la chica de espaldas, la llamó, pero la chica no respondió y empezó a caminar.
A pesar de no quererlo, ambos miraban hacia atrás de vez en cuando, pero jamas se cruzaron.
Finalmente la chica dejó de mirar hacia atrás y empezó a mirar hacia adelante y se dio cuenta de que por fin era libre para volar lejos, y eso hizo, comenzando de cero, lejos del chico, lejos de todo, sencillamente, voló y nunca más volvió.
Y así termina esta pequeña y típica historia de amor. Dejando a este último mensaje cabalgando a través del horizonte.
Deseeando que de alguna forma te llegue:
Por favor se feliz