De pequeña, como a la mayoría de gente no me gustaba la lluvia. Creía que el cielo lloraba y me sentía mal alegrándome por la lluvia, así que no me gustaba.
Pero, con el tiempo he aprendido a valorar la lluvia.
La lluvia, tan querida por las plantas y tan odiada por los humanos. Pobre lluvia.
En realidad la lluvia es la perfecta excusa para sentirte melancólico y dejar libres tus sentimientos y pensar en todo lo que deseas.
Para mi la lluvia es sinónimo de tranquilidad y de soledad, pero no una soledad mala, sino ese tipo de soledad que en algún momento ansiamos todas las personas.
Y es que la lluvia tiene algo misterioso en ella, una fuerza que te atrae, que te llama y te atrapa. Al ver la lluvia caer, tengo ganas de que no pare nunca, de tirar el paraguas y sumergirme dentro de ella y dejarme llevar a donde sea que quiera llevarme.
Se podría decir que en realidad sufro el hechizo de la lluvia... ¿No?

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